Le ardia por el centro de la carne... lo que queria era destrozar su piel en cortadas gruesas... acabar con todo, ser nada irse... volver.
De sus labios ya no escurrian palabras, solo sangre en borbotones gruesos que lo ahorcaban... se quedaba con la belleza del mundo en la mirada pero se le abria cada poro en un rayo filoso que no dejaba nada.
Eso, eso queria. Nada, nada.
El humo del cigarro hablaba en su propio idioma... un morse extraño que en el silencio de la habitacion les daba mas que solamente ver. Nada, ver, todo.
Todo ritmo, el corazon latiendo con las pestañas volando, con el cabello erizado, con la mano tensa, con la cadera suave, con las nalgas inchadas, con las piernas presentes, con los hombros distantes... es la pura sabrosura.
Las calles respiran los nombres en alcohol derramado de las almas, esquinas de otras almas, que ahora solo vagan pidiendo pan por hambre, pan por misericordia, pan por vida. Para ir mas alla de los olvidos y colocarse mas cerca de los arboles de cerezo.
Se pierde todo el vomito, toda la sangre esparcida por las veredas de este carro sin camino.
Feliz como la sombra de miel.
Como la paz de rosas.
Como el fin del sol.
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